La privacidad es un derecho, pero parece que no un negocio

September 3rd, 2007 by Gaston Bercun Leave a reply »

privacyDoorLeo en Wired una interesante nota acerca de un startup que ofrece servicios al público que aseguren su seguridad. En el artículo se hace una interesante reseña de iniciativas similares que fracasaron. Hay algunas frases que parecen ser bastante descriptivas. Como ejemplo, según la nota, un estudio realizado por la Universidad de California en Berkeley reveló que la mayoría de las personas no están dispuestos a gastar ni siquiera 25 centavos para evitar que alguien venda información sensible sobre ellos.

Como lo explica el Profesor de CMU, Alessandro Acquisiti, “La gente prefiere el dinero sobre sus datos, siempre”.

Al leer esta nota, recordé el trabajo que hice, en formato tesis, respecto a este punto, que se titulaba “¿Cuál es el límite entre el Derecho a la intimidad y las Bases de Datos? El rol de la legislación.”.

En el trabajo, más allá de resumir los distintos sistemas legislativos que aplican sobre la privacidad y las bases de datos, resumí algunas interesantes ideas, basadas en el análisis económico del derecho, y en autores como Richard Posner y el mencionado Alessandro Acquisiti.

Posner defiende en definitiva la privacidad organizativa o corporativa, como más importante que la privacidad personal, porque la primera es más usualmente generadora de incrementar la economía.

Es cierto que, como argumenta Posner, una revista que posee una lista de suscriptores incurrirá en excesivos costos si tiene que obtener el consentimiento de cada suscriptor antes de poder vender la lista a otra publicación. En ese caso, la revista presumiblemente no venderá su lista de suscriptores y como consecuencia, se verá imposibilitada de generar esta potencial fuente de ingresos para la revista. Pero seguramente el libre mercado puede solucionar este problema. Las revistas pronto copiarán las políticas de las compañías telefónicas con respecto a los números que no aparecen en las guías: las revistas tendrán una suscripción doble nivel, ofreciendo una suscripción a bajo precio a aquellos que presten su consentimiento a la inclusión de sus nombres en una lista susceptible de ser vendida, y otra de mayor precio a aquellos que no quieran sus nombres en aquella lista. El mayor precio está económicamente justificado, ya que la revista podrá pasar a los suscriptores que adhieran a la lista la ganancia que pudiera obtener de la venta de la lista.

Esta analogía ilustra el punto en una forma ligeramente mas compleja. Prima facie, la compañía telefónica debería ahorrar dinero cuando un suscriptor solicita ser retirado de sus guías, dado que no tendrá que imprimir su nombre y número telefónico.

Sin embargo, esto no es así, debido a que un número que no está en guía desalentará su uso, ya que tendrá menos información, por lo que en definitiva la compañía telefónica perderá dinero, porque generará menos interés en la guía y menos llamados derivados de las búsquedas. Es por esto que se justifica que se cobre un cargo por ser sacado de las guías.

Cabe decir que básicamente coincido con lo expuesto por Posner, en su trabajo de 1981, donde expuso que la privacidad es protegida en general en formas económicamente ineficientes y que solo debería ser protegida cuando el acceso a la información reduciría su valor.

Pero he encontrado un argumento distinto, que, desde mi punto de vista justifica la propuesta que realizaré al culminar esta conclusión.

Es natural el “temor” en los individuos a divulgar información propia, ya que creen que de esa forma serán pasibles de recibir ofertas no solicitadas (emails, correos, llamados, etc.).

Sin embargo la realidad ha demostrado que esto no funciona así, ya que a pesar del esfuerzo que realizan los individuos por proteger su información y las legislaciones por proteger la privacidad de sus ciudadanos, no han podido detener al Spam, a los llamados no solicitados, etc.

La solución es justamente la contraria. A pesar de que parezca sorprendente, a más información las empresas conozcan de los individuos, menos será la molestia e intromisión en la privacidad que sufrirán. Siempre dejamos a salvo los derechos de acceso, rectificación, supresión, protección contra datos falsos y contra datos sensibles.

Todos los días recibimos infinidad de ofertas y ofrecimientos de distintas clases de productos, que por lo general, no son de nuestro interés. Invertimos tiempo y dinero en borrar los correos electrónicos recibidos, tirar la correspondencia no deseada, instalar software que evita pop-ups y/o spam, etc.

Esto no solo provoca una pérdida al individuo, sino también a las empresas que intentan utilizar dichos medios con el fin de promocionar sus productos. Por muy marginal que sea el costo, la sumatoria de los mismos es sin dudas importante.

Si la empresa pudiera conocer, con algún grado de certeza, quienes son los individuos que por sus gustos y/o intereses se encontrarían cercanos a adquirir sus productos y/o servicios, utilizarían todos sus esfuerzos en dirigirse a ellos, y no perderían tiempo, dinero ni esfuerzo en dirigirse a quienes no tienen interés.

Tomemos el ejemplo de una empresa dedicada a la venta de automotores. En lugar de mandar un email a miles o millones de potenciales clientes, con una comunicación igual para todos y poco costosa en su producción individual, dada la escala necesaria, podría conocer que a determinada persona, masculino, casado, con 2 hijos de 3 y 5 años, y otro en camino, que tiene un automovil importado, está en búsqueda de una 4×4 y le interesa que lo contacten por correo.

Sin lugar a dudas el costo de esa carta a enviar a ese individuo, será mayor al de mandarle un email, pero tendrá muchas más posibilidades de ser exitoso que el mail recibido por esa misma persona, ya que quizás el mail, ni siquiera comunique el tipo de automóvil deseado por el individuo.

Desde el punto de vista del individuo, en lugar de recibir correos electrónicos, que le molestan, recibirá la información precisamente del tipo de automotor que está buscando.

Este sistema parecería ser mejor a mayor información sea divulgada por el individuo y conocida por las empresas.

Este razonamiento es respaldado por una de las mas interesantes y exitosas ideas utilizadas hoy en día en Internet, el “Ad-Sense” de Google. Esta empresa, que se está posicionando como líder de Internet en muchos sentidos, ha lanzado hace ya algún tiempo este sistema que permite al usuario ver información de sitios, productos y/o servicios relacionados con las búsquedas que realiza. Así los anunciantes tienen mayor posibilidad de encontrar clientes interesados en sus ofertas, y disminuye el costo por contacto, es decir, la relación precio-beneficio de la empresa.

Siendo así, no caben dudas que un modelo de estricta regulación parecería ineficiente, y no sólo no crea la maximización de beneficios de la sociedad, sino que además, crea el incentivo al incumplimiento por poner barreras al libre flujo de información.

Pero siendo esto cierto, ¿qué rol debería tomar la legislación?

Como consecuencia de esto, el rol de la legislación debería tornarse en garantizar el transparente funcionamiento del sistema.

Por un lado garantizando a los individuos y a las empresas los derechos de acceso, rectificación, protección contra el dato falso y protección de los datos sensibles.

Por otro lado, debería salir a suplir a la autonomía de la voluntad de las partes, sólo en donde ésta parezca llegar a puntos ineficaces, o peligrosos en la protección de los derechos enunciados en el párrafo anterior.

Por último, podría penalizar a aquellas empresas que, a pesar de tener a disposición la información o fuentes de información suficientes como para conocer que el destinatario de su mensaje no está interesado en el mismo, igualmente realicen la campaña.

Con esto, se lograría un desarrollo importante de la industria, que deberá adoptar características de marketing personalizado, y dejar los modelos actuales de marketing masivo.

Obviamente esto parecería funcionar en este modelo económico, aunque parece de difícil prueba empírica, ya que la tendencia mundial, como puede verse en Europa y Argentina, es a una rígida regulación repecto al tratamiento de los datos personales.

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