Ponerse de acuerdo con uno mismo suele ser fácil, total, sólo hay una posición por resolver. Cuando a esa necesidad de acuerdo se le suman opiniones de más gente resulta necesario llegar a un punto que deje conformes a todos, o al menos, a la mayoría.
Dejar conformes no es obtener exactamente lo que vinimos a buscar o nuestra opinión, convenciendo o sometiendo al otro, sino saber que en el camino de una negociación todos tendremos que ceder. Para esto no todo puede ser blanco o negro, y los grises deben prevalecer. Si no podemos aceptar esto, lo que nos pasa es lo que leemos en los diarios todos los días, confrontación pura.
Estoy a favor o en contra. Que se apruebe o rechace. Éxito o Fracaso. D10s o el demonio. Se hizo bien o mal. La razón es mía o tuya. Clarín o el Gobierno. Oficialista u oposición. Maradona o Pelé. Boca o River. Matrimonio Gay sí o no. Izquierda o derecha. Fachista o Zurdo.
Estas posiciones sólo llevan a la confrontación pura, a la pelea y a la imposibilidad de tener acuerdos. Llevan a que cuando los argumentos son “porque sí” y “porque no” tengamos que recurrir al ataque personal del otro en lugar de la discusión de lo que nos separa, para construir un nuevo acuerdo.
No conozco otra forma que construir desde el desacuerdo.
Para esto se debe abrir cada una de estas posiciones extremas contrapuestas en pequeños análisis de los puntos que las componen para encontrar en esos puntos situaciones comunes y acuerdos, y los puntos, ya más pequeños en los que individualmente debemos arribar los grises, que conformen un nuevo lugar, distinto del blanco o negro, un gris en el que podamos acordar. Obviamente que esto implica trabajar, explicar, abrir información, ceder y convencernos, luego de este largo proceso, de que el nuevo punto de acuerdo es un gris que debemos ahora sí defender, pero todos juntos.
Ojalá algún día podamos ver esto en nuestra clase dirigente, y en la sociedad toda, encontrando puntos de acuerdo que sirvan para una convivencia constructiva.







